viernes, 5 de febrero de 2010

 SILVESTRE DE BALBOA

Así nuestro pastor, cuanda su gente
Tuvo en aquel asiento recogida,

Al blando sueño dio lugar decente,
Después que a Dios encomendó su vida:

Cuando el lobo Gilberto de repente
Dio en la pobre manada que dormida
Estaba, descuidado el pastor santo
Del repentino caso y nuevo espanto.

O cual en la Canaria en apañadas
Acechan cabras ágiles cabreros,

Que en los riscon están y en las aguadas
Despuntando la grama en sus oteros;

Y estando así paciendo descuidadas
Dan de repente en ellas los monteros,

Y con el sobresalto que allí influyen,
Unas quedan paradas y otras huyen:

Así quedaron en la triste Yara
Los que durmiendo estaban descuidados;

Que despertando con zozobra rara,

Se vieron de enmigos rodeados
Unos huyeron la fortuna avara:
Otros quedaron casi desmayados:

Que el repentino estruendo y agonía
Recogió al corazón la sangre fría.

                                                                        Silvestre De Balboa