viernes, 1 de febrero de 2013

ENDECHAS A LA MUERTE DE GUILLÉN PERAZA
 
¡Llora las damas, así Dios os vala!
Guillén Peraza quedó en La Palma
la flor marchita de la su cara.
No eres palma, eres retama,
eres ciprés de triste rama,
eres desdicha, desdicha mala.
Tus campos rompan tristes volcanes,
no vean placeres sino pesares,
cubran tus flores los arenales.
Guillén Peraza, Guillén Peraza,
¿dó está tu escudo, dó está tu lanza?
Todo lo acaba la mala andanza.
                    Anónimo del Siglo XV
 
 


viernes, 5 de febrero de 2010

AICÁ MARAGÁ

Aicá maragá, aititú aguahae
Maicá guere, demancihani
Neigá haruuiti alemalai
TRADUCCIÓN

Bienvenidos, gente forastera mató
a nuestra madre; pero ahora, hermano,
nos uniremos, si no estamos perdidos.

Texto: Leonardo Torriani
Fuente: Grandes poemas canarios de todas las épocas

 SILVESTRE DE BALBOA

Así nuestro pastor, cuanda su gente
Tuvo en aquel asiento recogida,

Al blando sueño dio lugar decente,
Después que a Dios encomendó su vida:

Cuando el lobo Gilberto de repente
Dio en la pobre manada que dormida
Estaba, descuidado el pastor santo
Del repentino caso y nuevo espanto.

O cual en la Canaria en apañadas
Acechan cabras ágiles cabreros,

Que en los riscon están y en las aguadas
Despuntando la grama en sus oteros;

Y estando así paciendo descuidadas
Dan de repente en ellas los monteros,

Y con el sobresalto que allí influyen,
Unas quedan paradas y otras huyen:

Así quedaron en la triste Yara
Los que durmiendo estaban descuidados;

Que despertando con zozobra rara,

Se vieron de enmigos rodeados
Unos huyeron la fortuna avara:
Otros quedaron casi desmayados:

Que el repentino estruendo y agonía
Recogió al corazón la sangre fría.

                                                                        Silvestre De Balboa

martes, 30 de diciembre de 2008

 Éste es el bosque umbrífero

que de Doramas tiene el nombre célebre,

y aquéstos son los árboles
que frisan ya con los del monte Líbano y las palmas altisimas

mucho más que de Egipto las pirámides, que los sabrosos dátiles
producen a su tiempo y dulces támaras.

Aquí de varias músicas
hinchan el aire los pintados pájaros.

La verde yedra estática
a los troncos y se enreda con sus círuclos y más que el yelo frígida
salen las fuentes de peñascos áridos.

Aquí con letras góticas
se escriben epigramas, nombres, títulos
en árboles tan fértiles

que parece que estuvo recreándose
en ellos el artífice de las terrenas y celestes fábricas.

Aquí, pues, de la próspera
fortuna está gozando el fuerte bárbaro

que por sus propios méritos
alcanzó la corona y regia púrpura

y en la terrestre máquina
es celebrado en ejercicios bélicos:

Doramas es el ínclito
nombre del capitán fiero e indómito




Bartolomé Cairasco de Figueroa

lunes, 1 de septiembre de 2008

 Ya tengo preparada la maleta,

una maleta grande, de madera:
la que mi abuelo se llevó a La Habana,
mi padre a Venezuela.

La tengo preparada:
cuatro fotos, una escudilla blanca, una batea,
un libro de Galdós y una camisa
casi nueva.

La tengo ya casi cerrada y rodeándola,
un hilo de pitera.

Ha servido de todo,
como banco, de viajar en cubierta,
y como mesa y...
si me apuran mucho,
como ataúd, me han de enterrar en ella.

Yo no sé, donde voy a echar raíces,
ya las eché en la aldea.

Dejé el arado y el cuchillo grande,
las cuatro fanegadas de mi vieja...

- La hostelería es buena, me dijeron.
y cogí la bandeja.

- Sí señor, no señor, lo que usted mande,
servida está la mesa...

Yo por vivir entre los míos, hago
lo que sea.

Ví a las mujeres pálidas del norte,
arrebatarse como hogueras,
y llevarse las caras,
como platos de mojo con morenas,
tanto que aquí no dejan ni rubor,
para tener vergüenza.

Vi vender nuestras costas en negocios,
que no hay quién los entienda:
vendía un alemán, compraba un sueco,
¡y lo que se vendía, era mi tierra!.

Pero no importa, me quedé plantado,
Aquí nací, de aquí nadie me echa.

(Hasta que el otro día, lo he sabido,
y he hecho de nuevo la maleta).

He sabido que pronto,
van a venir de fuera,
técnicos de alambrar los horizontes.
de encadenar la arena,
de hacer nidos de muerte, en nuestras fincas,
de emponzoñar el aire y la marea,
de cambiar nuestros timples por tambores,
las isas por arengas,
las palabras de amor, por ultimátum,
por tumbas las acequias...

Si se instalan los técnicos del odio,
sobre nuestras laderas,
los niños africanos,
desvelados bajo la lona de sus tiendas.

Mirarán con horror las siete islas,
no como siete estrellas,
sino como las siete plagas bíblicas,
las siete calaveras.

Desde donde su muerte
y nuestra muerte,
indefectiblemente se proyecta.

Yo por mi parte
cojo la maleta,
que el viejo
se llevó a Las Américas,
en un barquillo de dos proas.
¡Qué valientes, barquillas atuneras!.
Tienen dos proas, una a cada lado,
para que nunca retrocedan,
vayan donde vayan,
siempre avanzan.

¡Quién dijo popa!,
¡Avante a toda vela!.

Y yo...voy a marcharme reculando.
Voy a dejar que crezca
sobre esta tierra mía
toda la mala hierba.

Voy a volver la espalda al forastero
que vendrá con sus máquinas de guerra...
para ensuciar de herrumbre las auroras
de miedo las conciencias.

Pensándolo mejor, voy a sacar
de la vieja maleta
el libro, la escudilla, la camisa, la batea
voy a pintar y a barnizar de nuevo,
su gastada madera.

Voy a quitarle el hilo y a ponerle
la cerradura nueva.

Y con ella vacía
me acercaré a la isleta,
y al primer forastero de la muerte
que llegue a pisar tierra
se la regalo, para siempre suya,
y que la use y nunca la devuelva.

¡No quiero más maletas en la historia
de la insular miseria!.

Ellos, ellos, ellos,
que cojan la maleta.

Los invasores de la paz canaria
que cojan la maleta.
Los que venden la tierra que no es suya
que cojan la maleta.
Los que ponen la muerte en el futuro
que cojan la maleta.
¡Que cojan la maleta,
que cojan para siempre...La maleta!.



Pedro Lezcano.

Si quieres escuchar su poema interpretado por Taller Canario, reproduce el vídeo